Jose Mateos Mariscal y su esposa, Coral Hernández Prieto, en la Plaza del Ayuntamiento de Wuppertal

Rincón del lector
Jose Mateos Mariscal (6/11/2020)
Estimado director, me gustaría que publicase esta nota de un español y su familia en Alemania.

Corría el año 2008, tenía una empresa de construcciones metálicas la cual por impagos dio de quiebra; las grandes empresas no pagaban; nos desahuciaron, nos embargaron todo, la casa, mi coche, mi empresa… Después, el desahucio con dos menores a cargo. Estuvimos casi cuatro años malviviendo con 635 euros de la ayuda social. Por entonces yo tenía39 años, tenía que hacer algo buscando en Internet; y entonces fui víctima de una estafa.

Me propusieron un trabajo en Alemania, tuve que ingresar 300 euros en una cuenta que me dieron, pero cuando llegué a Alemania me di cuenta que era una estafa.

No dudamos en vender, por 1.200 euros, el  último coche que teníamos y poner rumbo a Alemania. Compramos los billetes de avión el día 3 de julio de 2013. Pisamos Alemania por primera vez, sin conocer el idioma. La familia entera, jugándonos todo a una carta. Era escapar o perder la custodia de los niños. No podíamos vivir con esa ayuda social.

Llegamos a Alemania, a Wuppertal, a la dirección que me habían dado, y encontramos un descampado, el mundo se nos vino abajo. La única oportunidad se esfumó, decidimos que seríamos perdices muertas en Alemania; sin saber el idioma teníamos que regresar sin dinero. Y más problemas, nos subimos a un tren en Wuppertal dirección Solingen. Pero el trayecto acabó en Remscheid, años después me enteré que estaban reformando un puente y el trayecto se acortó. Nos bajamos del tren con la idea de pasar la noche y al día siguiente regresar con todos nuestro deseos en un pozo.

En la calle nos encontramos con una mujer, española, que nos indicó que pasáramos por la  coordinadora española de Remscheid, que “está final de la calle” -nos dijo-, y que allí “tal vez puedan ayudaros”.

No conocíamos nada  y no logramos encontrar ese sitio, pero si vimos que había un bar, llamado Andalucía; entramos en el local y contamos nuestro problema a una persona, un cocinero que hacía trabajos para la misión católica de lengua española, Remscheid lennep,  que no dudo en llamar al cura D. José Antonio Arzoz Martínez.

No dudó en acogernos, dándonos cama y comida durante quince días, hasta que encontré mi primer trabajo en Alemania. Hoy resido en Alemania, en Wuppertal. con mis y mi mujer; los niños hablan perfectamente inglés, alemán y español.

Gracias a este noble hombre me gustaría que publicara esta historia en homenaje a D. José Antonio Arzoz.

Gracias de antemano,

Jose Mateos Mariscal
Wuppertal (Alemania)