Azmat Khan: La letal guerra aérea de Estados Unidos en Afganistán contribuyó a que el Talibán reclutara gente que quería venganza

Azmat Khan: La letal guerra aérea de Estados Unidos en Afganistán contribuyó a que el Talibán reclutara gente que quería venganza

Estados Unidos
Espacios Europeos (28/8/2021)
La periodista de investigación Azmat Khan, que ha informado ampliamente sobre Afganistán, afirma que el presidente Joe Biden aún no se está ocupando del caos desatado por el colapso del Gobierno afgano. Khan señala que en sus declaraciones del 16 de agosto, Bidenrealmente se centró en la decisión de poner fin a la guerra” e ignoró las críticas sobre el caos en el aeropuerto de Kabul y el abandono a miles de afganos que ayudaron a Estados Unidos durante los últimos 20 años. “Nada de eso fue realmente abordado en detalle”, sostiene. Asimismo, Khan analiza por qué el ejército afgano cayó tan rápidamente ante los talibanes y su excesiva dependencia del poder aéreo estadounidense. También explica que las bajas civiles debilitaron el apoyo popular al Gobierno respaldado por Estados Unidos y las enormes ganancias que esa guerra de dos décadas les generó a los contratistas militares estadounidenses.

La conversación en inglés que mantiene Amy Goodman con Azmat Khan  y Azmat Khan se puede escuchar y ver en Democracy Now.


AMY GOODMAN: Pasamos a hablar con Azmat Khan, periodista de investigación que ha informado sobre Afganistán durante años. ¿Qué opina sobre las palabras del presidente Biden, el caos total en el aeropuerto, los miles de afganos tratando de huir y en general sobre la victoria de los talibanes en Afganistán?

AZMAT KHAN: El presidente Biden enfocó su mensaje en la decisión de poner fin a la guerra y no en las críticas que recibió por la retirada de las tropas ni en el caos que se ha visto en el aeropuerto. No habló sobre todas las personas que dejaron atrás, a quienes Estados Unidos les había hecho promesas, como traductores y periodistas locales que estaban trabajando con periodistas estadounidenses, así como activistas, que ahora no solo enfrentan una gran incertidumbre, como ya se mencionó hace un momento en el programa, sino serias amenazas a sus vidas y su seguridad. Biden no hizo ninguna mención a eso.

Pero creo que hay otra omisión que de verdad hay que destacar y es la relacionada con la visión negativa del presidente Biden sobre las fuerzas afganas por, supuestamente, “no luchar”, lo cual no es del todo correcto. Como ya comentó el primer invitado del programa, muchos soldados afganos han muerto luchando contra los talibanes durante los últimos 20 años, un número incontable. Mientras tanto, desde el inicio de la Operación Centinela de la Libertad en 2015, han muerto 64 soldados estadounidenses en situaciones hostiles en Afganistán. Así que hay una disparidad sobre quién estaba pagando el costo humano de esa lucha, al menos del lado que enfrentaba a los talibanes. En ese contexto, otra realidad que Biden omitió fue que la manera principal en que esos soldados estaban combatiendo era con apoyo aéreo estadounidense. Estados Unidos bombardeó con intensidad partes del país donde había fuertes combates con los talibanes.

Para dar un poco de contexto, en 2019 Estados Unidos lanzó más bombas en Afganistán que en cualquier año anterior de la guerra, creo que una cifra superior a 6.200 bombas ese año, mientras intentaban negociar. Así que, incluso con todos los bombardeos, este fue el acuerdo que pudieron conseguir. Aún así, mire cuántos soldados afganos morían. Ahora, al sacar del conflicto esa capacidad de poder aéreo, ¿esperaba alguien que algún soldado afgano siguiera luchando? Si tantos soldados afganos murieron, aun con apoyo aéreo estadounidense, ¿qué pasa cuando se retira ese elemento? Además de eso, es necesario decir que tal vez ese poder aéreo ayudó a mantener el tenue control que el Gobierno afgano tenía sobre el país, pero también mató a decenas de civiles en zonas rurales, de las que no se habla a menudo. Casi tres cuartas partes de Afganistán son zonas rurales. La mayoría de la población proviene de este tipo de áreas, y son gente que han visto la peor parte de la guerra y de las que se habla poco. Y han sufrido no solo los bombardeos, ataques aéreos e incursiones nocturnas, sino también los ataques de los talibanes. Muchos de ellos querían que esta guerra terminara.

No se puede hablar de ese poderío militar aéreo y del débil control que el Gobierno tenía sin reconocer también que ello creó un espacio para los talibanes. Incluso aquellos civiles que despreciaban a los talibanes querían que la guerra terminara. Así que tiene sentido que una vez retirado el apoyo aéreo, sea imposible mantener ese frágil control. Pero al mismo tiempo, en este momento, los talibanes se han revitalizado y han crecido. Muchos de sus reclutas más recientes son personas que perdieron a sus seres queridos y buscaban venganza por esas muertes. Aunque nos sorprenda la rapidez con que todo se está desarrollando, lo que está sucediendo tiene mucho sentido.

AMY GOODMAN: El medio The Intercept informa que el valor de las acciones de las empresas de contratistas militares superó al mercado de valores en general en un 58% durante la guerra de Afganistán. Compañías como Boeing, Raytheon, Lockheed Martin, Northrop Grumman y General Dynamics. Según el informe, “desde la perspectiva de algunas de las personas más poderosas de EE.UU., [la guerra de Afganistán] puede considerarse un gran éxito. Es notable que las juntas directivas de las cinco principales contratistas militares incluyen a altos mandos del Ejército retirados”. Azmat, usted ha escrito extensamente sobre estos contratos y sobre quiénes se han beneficiado financieramente de la guerra.

AZMAT KHAN: Es impresionante, de verdad. Es increíblemente impresionante, porque no se habla a menudo de las enormes ganancias generadas, de las personas que tal vez fueron a Afganistán temporalmente, recibieron pagos extras por trabajo de riesgo y se construyeron casas, incluidos empresarios adinerados y exoficiales del Ejército, que ahora, por cierto, aparecen en programas de entrevistas en televisión para dar sus opiniones, a veces sin ni siquiera ocultar el hecho de que hacen parte de las juntas directivas de muchos de esas empresas contratistas. Es inconcebible el nivel de corrupción por parte de muchos estadounidenses, por parte de muchos contratistas, así como de personal en el terreno. Esa corrupción ha facilitado que la población local se vea aislada del Gobierno afgano.

Solo para darle algunos ejemplos, como sabe, yo pasé mucho tiempo investigando las escuelas financiadas por EE.UU. en Afganistán, algo que tal vez consideraríamos como el tipo de éxito intocable de la guerra, ¿verdad?, esa idea de que en estos 20 años Estados Unidos ha transformado radicalmente la educación de los menores afganos, y, en particular, de las niñas. Así que ahondé en la realidad de las escuelas que Estados Unidos había financiado y escogí 50 de ellas en siete provincias en las que había enfrentamientos. Quería saber de verdad qué sucedía en esas escuelas en la actualidad. Descubrí entonces que un 10% de esas escuelas nunca fueron construidas o ya no existían. Una gran mayoría de ellas se estaban cayendo a pedazos. Cuando intenté comprender qué era lo que había pasado, descubrí que, por ejemplo, en un caso había una escuela que faltaba, y resulta que fue construida en la aldea de un jefe de Policía afgano llamado Abdul Raziq, aliado de Estados Unidos, que era conocido por sus muchas violaciones a los derechos humanos. El funcionario local de educación dijo: “Sí, construimos la escuela aquí, pero durante tres años no hubo menores en este pueblo, así que nadie asistió realmente. La escuela estuvo cerrada durante muchos años”. En otro caso, una escuela a la cual llegué estaba vacía, incompleta, nunca se había terminado de construir, mientras que todos los menores estaban al otro lado de la calle, en una mezquita, recibiendo educación religiosa en lugar del plan de estudios que los registros decían que estaban recibiendo.

Quise averiguar qué había sucedido y descubrí que el contrato para esa escuela le fue otorgado al hermano del gobernador de distrito, quien a su vez se robó el dinero y, como resultado, la escuela nunca se terminó. Cerca de allí, en otra parte de Kandahar, un conocido jefe militar local obtuvo el contrato para una escuela… En realidad fue un contrato para la clínica que se iba a construir al lado de la escuela, y le fue otorgado a este jefe militar, quien prácticamente resultó ser uno de los causantes del ascenso de los talibanes. Su familia era parte de ese tipo de corrupción, en los años que precedieron al auge de los talibanes, que llevó a muchas personas a apoyarlos debido a la corrupción masiva y las violaciones a los derechos humanos que se estaban cometiendo contra el pueblo afgano.

Así pues, incluso algo tan noble y tan digno de esfuerzo como la educación se ha truncado por este tipo de corrupción y negocios fraudulentos. Si tuviéramos que entender el porqué, creo que se debe a que los objetivos de contraterrorismo eran inherentes a todos los aspectos del proyecto estadounidense en Afganistán. Incluso algo positivo como las escuelas tenía estos estándares y obedecía a este deseo de imbuir una narrativa de contraterrorismo, que predispuso [a los estadounidenses] a trabajar con personas que eran actores abusivos en nombre de la lucha antiterrorista, cuando en realidad a menudo socavaban en casi todos los aspectos al pueblo afgano y muchas de las promesas realizadas por Estados Unidos.

AMY GOODMAN: Azmat Khan, quiero agradecerle que haya estado con nosotros. Vamos a finalizar con la teniente coronel [sic] Ann Wright, quien nos habla desde Honolulu, Hawái. Al observar lo que sucede en Afganistán, donde usted estuvo hace casi dos décadas, ¿qué cree que debe pasar ahora y qué tienen que entender los estadounidenses sobre la guerra de EE.UU. en ese país?

ANN WRIGHT: Bueno, creo que los estadounidenses deberían desconfiar bastante de cada Gobierno que piensa que es nuestro deber tomar acciones militares cuando se trata de resolver cualquier tipo de conflicto. Hemos visto cómo Estados Unidos, tanto en Vietnam como en Irak y Afganistán, nos ha mentido sobre la razón por la cual debemos ir a esos países con nuestro Ejército, en lugar de buscar una solución no militar a esos problemas. Es muy importante saber eso, en especial cuando ahora mismo nuestro Gobierno asegura que China y Rusia son enemigos y son una amenaza para nuestra seguridad nacional. Nosotros, el pueblo de EE.UU., debemos rechazar esas políticas de nuestro Gobierno, rechazar cualquier nueva invasión militar, ocupación y ataque a cualquier país. Mi corazón sufre y está con el pueblo de Afganistán, que ha padecido estas largas décadas de guerra y de violencia. Y de verdad espero que haya un poco de calma en los próximos años y que el Talibán adopte un enfoque muy diferente del que tenía cuando estuvo en el poder entre 1996 y 2001, porque los afganos se merecen algo mucho mejor de lo que han tenido. Gracias.

Amy Goodman

AMY GOODMAN: Quiero agradecerles a las dos por estar con nosotros. Desde luego, continuaremos nuestra cobertura de estos hechos. Ann, creo que le bajé su rango. Ann Wright es una coronel en retiro del Ejército estadounidense y exfuncionaria del Departamento de Estado de Estados Unidos. Hizo parte del equipo que reabrió la Embajada de EE.UU. en Kabul, Afganistán, en diciembre de 2001. Y Azmat Khan, periodista de investigación y colaboradora para la revista The New York Times Magazine. Enlazaremos a sus artículos, incluida la investigación que describió, “Estudiantes fantasmas, maestros fantasmas, escuelas fantasmas”. Al regresar, hablaremos sobre Haití, donde una tormenta tropical azotó las mismas áreas del país que fueron destrozadas por el terremoto del 14 de agosto en el que murieron más de 1.400 personas. Quédense con nosotros.

N. de la R:
Este artículo se publica con la autorización de Democracy Now.
La traducido es de Iván Hincapié. Editado por Igor Moreno Unanua.





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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826

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