UNRWA y Gaza resisten

Mi Columna
Eugenio Pordomingo (19/7/2025)
Con seguridad la mayoría de los lectores de esta columna, al leer el titular responderán, para sus adentros, que “por supuesto que es real el poder de Israel; no es nada ficticio”.

Ya sabemos que Poder es la capacidad que una persona, empresa, institución o país, tiene para influir en las decisiones de otros.

Un ejemplo claro: el pasado sábado, 12 de julio, el Ejército israelí mató a 129 personas; 34 fueron asesinadas mientras  esperaban, cazo en mano, a que una empresa estadounidense-israelí (Fundación Humanitaria de Gaza), les suministrara algunos alimentos. El resto murieron a causa de intensos bombardeos con los que Israel sigue “eliminando palestinos”. Y lamento decirlo, pero no se me ocurre otra frase más descriptiva.

Y así, día tras día. Los muertos, simplemente han sido personas –muchos niños- que deambulaban entre los escombros de sus casas, o se encontraban entre las miles de personas, que acuden a recoger el rancho que les dan los culpables de esa situación. Hay culpables variopintos: por acción, por financiación, por facilitar información, por enviarles armamento; y los hay por el silencio que guardan o por la negación de los hechos. Y otros muchos son también culpables por el consentimiento y  beneplácito que les produce.

Esas escenas que a diario acontecen en la Franja de Gaza son ¡una terrible vergüenza para la Humanidad!

Pero recuperemos el hilo conductor de la anterior Columna, que nos lleva a buscar la causa de tanta agresión. El Destino Manifiesto, la Doctrina Monroe y alusiones a la Biblia acerca del “pueblo elegido por Dios”, son parte de la argamasa con la que se fabrica ese poder impune y jactancioso. Estados Unidos es un ejemplo. Los sucesivos gobiernos estadounidenses han intentado sustituir el colonialismo europeo, que hubo siglos atrás. Pero han pasado de ese tipo de colonialismo al intervencionismo político y económico. Y cuando éste ha causado desavenencias, pues, simplemente, ha recurrido al intervencionismo militar. Iberoamérica es un claro ejemplo de esa política, ejecutada sin miramientos.

Los ejemplos son muchos y se extienden por toda la faz de la Tierra. Cuba, Irak, Afganistán, Libia, Somalia, Yemen, Siria e Irán son algunos de los más cercanos en el tiempo.

La estrategia aplicada en Corea, Vietnam, Afganistán y Ucrania, tiene otros orígenes y causas; distinta aplicación y malos resultados. En esos países el enemigo a batir tenía poderosos amigos, como China y Rusia.

En unos casos, el pretexto para intervenir económica o militarmente ha sido la lucha contra el islamismo radical (ISIS, Al Qaeda, etc.) La realidad es tozuda y nos muestra que casi siempre ese intervencionismo ha sido a causa de la negativa de esos países a serlo. Para evitarlo comenzaron a negociar -sobre todo las transacciones de hidrocarburos-, en euros o rublos en lugar del dólar.

Es cierto que esa política intervencionista si ha dado resultados para Washington en bastantes países de Hispanoamérica. La Escuela de las Américas ha contribuido, y mucho, “formando” a militares en el modelo golpista.

Sin embargo, el expansionismo estadounidense no ha dado los frutos esperados en África, donde Rusia y Chima pisan fuerte y con seguridad. Lo de pisar no es sinónimo de agresión sino de implantación firme con un modelo de respeto mutuo, desarrollo común y la no injerencia en asuntos internos de cada país.

Queda claro, pues, que la Doctrina Monroe  y el Destino Manifiesto, amén de atribuirle a Dios la acertada elección de Estados Unidos como pueblo elegido, coincide de alguna forma con la interpretación que hacen otros de la elección de Israel como pueblo elegido por Dios.

Pero esa filosofía del “pueblo elegido”, “Dios ha puesto sus ojos en nosotros”, “América para los americanos (USA)” y un largo etcétera, contrasta con el número de muertos (asesinados), heridos,  desplazados y destrucción, que causa su expansionismo militar. Ese buenismo contrasta y es exponencialmente directo a los ingresos que obtiene la industria armamentística.

Al quedar las ciudades totalmente destruidas, la generación de riqueza es inmensa. Imagínense, por ejemplo, reconstruir Gaza. Una ciudad nueva, «Riviera de Oriente Medio», con chalecitos con jardín, como anunció el presidente Donald Trump. Y así, destruyendo y reconstruyendo, gira el mundo.

El primer ministro Israelí, Benjamin Netanyahu, el presidente estadounidense, Donald Trump y el rey de Marruecos, Mohamed VI. AFP PHOTO / MOROCCAN ROYAL PALACE.. Archivo

¿Pueden dormir tranquilos esos destructores-constructores? La verdad es que pienso que sí. A ellos les importa un bledo, ¡un comino!, todo lo que sufren los menos afortunados. La mayoría de esos “benefactores” bélicos han nacido con moqueta en el suelo, nodriza que los amamante, el frigorífico repleto y una cohorte de servidores atendiendo sus necesidades nada urgentes.

Y ¿qué hacen los partidos políticos, sindicatos y asociaciones? Pues todo depende del que esté al mando de la nación. Si son los míos se les disculpa, sin son de los otros se les ataca de forma vehemente. Como dice un profesor de Historia amigo de un servidor: “se puede ser muy listo, inteligente, tener una carrera universitaria, o dos; pero si tiene orejeras el pensamiento se nubla”.

Oriente Medio arde
Para tratar de analizar la actual situación en Oriente Medio, y el apoyo de Washington a Israel, tenemos que adentrarnos en las jornadas posteriores a la Guerra de los Seis Días (1967). Sin embargo no hay que dejar de lado que fue a partir de 1959 cuando Estados Unidos comenzó a entregar todo tipo de armas a Israel. Pero sin duda, fue a partir de 1967 cuando se volcó en apoyarle. Y lo hizo sin miramiento alguno. En la guerra de los Seis Días, Israel se equipaba militarmente a base de compras a Francia y Reino Unido.

A pesar de que Israel fue reconocido como estado en 1948, Estados Unidos cuidó armar al ejército israelí pues no quería enemistarse con los países árabes, especialmente con Arabia Saudí. Pero esa prevención finalizó en 1962 cuando Estados Unidos lleva a cabo la primera entrega de “armas ofensivas” al Ejército israelí (en concreto misiles Yak).

Muy significativa esa venta, ya que el entonces presidente estadounidense era el católico JF Kennedy. Hay una corriente de investigadores que sustentan la teoría de que Israel tuvo mucho que ver en el asesinato de JFK. Según los teóricos de esa opinión, Kennedy, partidario de la no proliferación de armas nucleares, presionó para que Israel fuera investigado en lo relacionado con la fabricación de la bomba atómica. Otros opinadores desvinculan a Tel Aviv de ese magnicidio. Hasta el presente el asesinato de JFK es un misterio.

La capacidad militar –armamento, organización, información y estrategia- del Ejército de Israel convence a Washington  de que ese país debería ser su aliado en Oriente Medio. No hay que olvidar que Siria y Egipto estaban en la órbita soviética y contaban con equipamiento militar moderno. Sin embargo, fue la Guerra de Yon Kipur en 1973, el punto de inflexión para que el gobierno estadounidense se volcase en apoyar militarmente a Israel. El presidente Nixon y su mano derecha Kissinger, organizaron el mayor envío de armamento a su nuevo aliado. Israel pasó a ser el mayor receptor de ayuda militar estadounidense. La mano del lobbismo sionista en Estados Unidos fue fundamental.

La AIPAC (American Israel Public Affaires Comité)
El lobby sionista AIPAC (American Israel Public Affaires Comité), fundado en 1950, tuvo una enorme influencia durante el mandato de Richard Nixon (1969-1974). Y la tuvo en lo que se refiere a dotar a Israel del armamento más moderno y en cantidad. No hay que dejar de lado la transferencia de información.

Además de la AIPAC hay otros lobbies sionistas que confluyen en los mismos fines. También Sionistas Cristianos, un movimiento creado desde dentro del cristianismo evangélico, que apoyan decididamente a Israel en su teología de que Israel es el pueblo elegido por Dios.

En un texto, publicado en el año 2006, El Lobby israelí y la política exterior estadounidense, publicado en Quibla, John J. Mearsheimer y Stephen M. Walt, llegan a la conclusión de que Oriente Medio, una zona inestable y enormemente importante desde el punto de vista geoestratégico, anima a Estados Unidos a intervenir, a estar presente. Fue el resultado de la Guerra de Yon Kipur en 1973, lo que orientó sus planes a decidir que fuese Israel su guardián y ejecutor en la zona.

Los autores de ese análisis afirman que tras la “guerra de los Seis días en 1967, el asunto principal de la política estadounidense en Oriente Medio ha sido su relación con Israel. La combinación de apoyo inquebrantable de los EEUU a Israel y el consiguiente esfuerzo para extender la democracia por toda la región ha inflamado a la opinión pública árabe e islámica y ha puesto en peligro la seguridad de los EE. UU”.

Esos mismos autores se preguntan el motivo por el cual EEUU dedica más dinero a ayudar a Israel -seguridad, defensa, economía, etc.- que a velar por sus propios ciudadanos. Y la respuesta les conduce a la actividad e influencia del lobby judío.

La misma fuente informa que los gobiernos estadounidenses entregan armas muy sofisticadas a Israel, que incluso su ejército no ha utilizado todavía. Y lo que es más llamativo, EEUU da acceso a Israel a “secretos de la OTAN que niega a sus aliados en la Organización y hace la vista gorda con respecto a la adquisición por parte de Israel de armas nucleares”.

Pero no todo queda ahí. Estados Unidos apoya en inteligencia a los servicios secretos israelíes y a su diplomacia. De hecho ha vetado 32 resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que iban contra Israel.

Respecto a la producción y posesión de armas nucleares, el apoyo y tolerancia de Estados Unidos es total, incluso en lo que concierne a las competencias de la Agencia Internacional de la Energía Atómica. A Irán la atosigan a controles; a Israel ni se les ocurre.

No hay duda que la acción de los lobbies judíos es importantísima. Se mueven con habilidad y estrategias definidas entre congresistas, senadores, periodistas, militares y hasta sindicalistas. Desconocemos si hay encuestas o estudios demoscópicos al respecto, pero una visión prospectiva nos indica que el pueblo estadounidense no está muy de acuerdo con esa desmedida influencia. Esa supuesta opinión se ve acrecentada por la agresiva acción militar contra el pueblo palestino, en concreto en la Franja de Gaza.

Pero ese poder de los lobbies sionistas se le complica en el entorno de los campus universitarios. Y es que, al menos hasta ahora, el profesorado y alumnado son más reacios a recibir consignas. El tiempo dirá, aunque una muestra la hemos tenido cuando comenzaron los bombardeos israelíes tras el atentado, llevado a cabo por Hamas, en octubre de 2023: los campus se llenaron de protestas.

Siempre se ha creído, era el relato de cierta oposición a la política internacional de Estados Unidos, que la invasión de Irak fue ejecutada porque ese país estaba empezando a comerciar el petróleo con el euro y el rublo, pero cobra fuerza la opinión de los que creen que fue la presión de lobby judío el que apoyó decididamente esa invasión y posterior destrucción de la nación iraquí.

La supuesta seguridad de Israel estaba en juego. Por supuesto, el subterfugio, mentira, mantra, de que Irak tenía “armas de destrucción masiva” es totalmente falso como ya se ha podido comprobar.

Por si había políticos estadounidenses que ponían pegas a esa invasión, sucedió el grave atentado del 11-S, cuya autoría real y autores intelectuales, sigue en las nubes del desconocimiento.

En febrero de 2003 Colin Powell, entonces Secretario de Estado de Estados Unidos, presentó ante el Consejo de Seguridad de la ONU una serie de argumentos y supuestas pruebas para justificar un ataque a Irak; afirmó que ese país poseía armas de destrucción masiva (químicas y biológicas). Para sustentar esa mentira aportó pruebas falsas –está demostrado- que no había armas de destrucción masiva. Igual aconteció con las supuestas pruebas de la relación de  Saddam Hussein con Al Qaeda.

Un año después, Powell,  reconoció que su informe y gestión habían sido una “mancha” en su carrera. Se le olvidó mencionar los miles de muertos que aquella invasión causó.

Los presidentes estadounidenses que se han destacado por su apoyo a Israel han sido George W. Bush, Richard Nixon,  Barack Obama y Donald Trump. Subrayar que fue Obama el que más destacó por su persistentes y prolongados ataques a Siria, Libia, Yemen, Pakistán, Somalia y Afganistán, además de organizar las operaciones para asesinar al otrora colaborador de Estados Unidos, Osama bin Laden, así como a otros líderes islamistas que se pusieran por medio.

Benjamín Netanyahu y Barack Obama Foto de Archivo).

Estados Unidos también apoya a Israel en el campo diplomático
Sin embargo, ha sido Donald Trump el que ha apoyado diplomáticamente de forma más firme y decidida a Israel. Designar como capital de Israel a Jerusalén, con el consiguiente traslado de las sedes diplomáticas de Tel Aviv a Jerusalén (2018) es una muestra irrefutable de esa apuesta política.

La decisión no ha tenido éxito, pues, aparte de Estados Unidos que fue el primero en ejecutar el cambio de sede diplomática, solo le han seguido Guatemala, Paraguay, Honduras, Kosovo, Papúa Nueva Guinea, República Democrática del Congo y Argentina. Sin duda, un fracaso en toda regla.

Las “designaciones” o “decisiones” de Trump favorables a Israel no quedaron ahí: la soberanía de los Altos del Golán, además de promover los Acuerdos de Abraham, de lo cual dimos cuenta en Gaza: de aquellos polvos vienen estos lodos, con el que trató de normalizar las relaciones entre Israel y Emiratos Árabes, Bahréin, Sudán y Marruecos, de los que se excluyó a Arabia Saudí. El objetivo, no especificado, lógicamente, era marginar a Irán, aislarlo y combatirlo.

No se quedó atrás el presidente Barack Obama en su apoyo militar a Israel, que se hizo material con la firma de un acuerdo de 38.000 millones de dólares que finaliza en 2028.

En la actualidad, Israel es el  “portaaviones” de Estados Unidos, anclado entre el mar, Líbano, Jordania, Siria, Egipto y a dos pasos de Arabia Saudí.

Se dice que Israel no es un país con un Ejército, sino un Ejército con un país. De ahí, quizás, la enrome dificultad para que cese en su política expansionista. A las pruebas me remito, tiene carta blanca para actuar como quiera y donde quiera; y así lo está haciendo en Gaza. Podemos desgañitarnos acusando al poderoso lobby judío, a la banca sionista, al judaísmo internacional y Estados Unidos, pero lo que es cierto es que Israel cuenta con el total apoyo de Estados Unidos y la llamada anglos era o mundo anglosajón (Reino Unido, Canadá, Nueva Zelanda y Australia), además de la poderosa Iglesia Evangelista (movimiento religioso dentro del protestantismo) con más de 600 millones repartidos por África y la América Hispana.

Israel cuenta también con la mezquindad de la Unión Europea. Aclaremos: mezquino es tacaño, avaro y falto de nobleza de espíritu. Cocinado todos esos términos nos da un plato en el que se mezcla la pérdida de soberanía, la sumisión y la cobardía. La Unión Europea es un súbdito de primera clase de Estados Unidos. Y lo es en su conjunto y en individualidades. Hay algunas excepciones; España no se encuentra entre ellas. Ya quisiéramos.

El pasado miércoles, Israel atacó el sur de Siria, incluso bombardeó el Ministerio de Defensa y el Cuartel del Estado Mayor Conjunto. La situación es grave pues miles de drusos que viven en Israel tratan de llegar a Siria para apoyar a sus compatriotas que combaten contra los beduinos y el ejército sirio.

Hemos tratado de aportar información –un análisis breve, sucinto- acerca del devenir de la relación entre Israel y Estados Unidos, de la que se deduce la poderosa influencia del lobby sionista. De lo cual deducimos que hay que buscar nuevas vías, nuevas ideas, para terminar de una vez con la catástrofe humanitaria que padece el pueblo palestino.

Por lo que hemos visto, es harto dificultoso que Israel cese en su agresión. Pero no hay que cejar, y en eso estamos. Hay que involucrar a personas e instituciones para conseguir que Israel y sus apoyos cesen en esa siembra de calamidades.

N. de la R:
Aquí tienen la primer y segunda entregas de esta serie:
Gaza: la Impunidad Impuesta (I)
Gaza: de aquellos polvos vienen estos lodos (II)

En la IV entrega de esta Columna, lanzaremos nuestra propuesta.


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