España, 25-09-2016

Indonesia (2): Bali mantiene las creencias y costumbres hinduistas

Internacional
José Manuel G. Torgatorga-en-indonesia
Enviado especial (18/11/2009)
Vamos a dejar la Indonesia islámica, que representa un 85% de la población total, para viajar a una Indonesia hinduista. Atrás queda, en Yogyakarta, el Hotel Meliá  Purosani, que hace honor a la cadena, de raíz española y desarrollo intercontinental.

El ambiente islámico javanés da la impresión de particular tolerancia. Ya lo observaba, en su época, por estas latitudes, Vicente Blasco Ibañez en La vuelta al mundo de un novelista: “Es un mahometismo especial, suave y dulce.En Java sólo pueden ser así la cosas…Las mujeres javanesas gozan de absoluta libertad y no se limitan a ir con la cara destapada a todas partes”.

La isla de Bali, con una superficie que no llega a los 6.000 kilómetros cuadrados y cuenta con unos 3 millones de habitantes,  representa la excepción hinduista en el conjunto de la nación.

Será significativa, en cuanto al ambiente, la visita, en el pueblo de Mas, a una casa típica balinesa. Es la residencia de I Wayan Sila, un empresario de la artesanía en madera. Con él trabajan  algunos vecinos en régimen cooperativo. Bastantes de estos tallistas son, además, agricultores y no esculpen  la madera durante un horario fijo, sino cuando están inspirados. En efecto, realizan auténticas obras de arte en teca, sándalo, ébano o caoba.

Pero, vamos con la vivienda. Este artesano-empresario, dispone de una superficie de una hectárea y nueve áreas. Nada que ver, pues, con las soluciones habitacionales de la ex-ministra española Trujillo y sus agobiantes 30 metros cuadrados.

Dentro de tan generosa cabida como tiene la parcela de  I Wayyan Sila, encontramos múltiples construcciones: una casa- norte para dormir, la casa- sur para cocinar, la oeste para los niños y la casa- este para recibir, descansar y cumplir rituales. Una zona amplia está destinada a templo familiar, con varias capillas, dedicadas al ser supremo y a otras manifestaciones de su fe,  así como a los espíritus de los antepasados.

En el entorno queda espacio para un garaje, ocupado por estupendos coches, la tienda y, fuera, el ganado.

Quien hace la crónica viajera temía encontrar un Bali estereotipado a mayor gloria del turismo masific2ado. En cambio, sin descartar la existencia de una inevitable capa convencional, queda mucha autenticidad de fondo, por calles, carreteras y pueblos. La manifestación de la religiosidad popular salta a la vista con ocasión de celebraciones variadas. Ornamentaciones, ofrendas y grupos procesionales celebran la luna llena, aniversarios o ritos plurales.

El animismo sobrevive al pié del volcán
Las músicas y danzas balinesas ponen la nota folklorista en hoteles y restaurantes. A la mesa, los zumos y frutas brindan exquisitos sabores. El marisco, en cambio, gusta, pero no llega a rivalizar con el español ni con el chileno.

La excursión para almorzar, con una vista magnífica del monte Batur, el volcán y el lago, deja memoria en cualquier viajero con sensibilidad. Pero los relatos sobre el costumbrismo balinés poseen una riqueza y  una originalidad impares.

Con un acceso complicado, porque hay que atravesar el lago, allí mismo te cuentan que existe un pueblo cuya herencia del periodo pre-hinduista, conserva la mentalidad animista, creyente en espíritus, buenos o malos, que habitan las manifestaciones de la naturaleza. En ese pueblo los muertos se dejan en la superficie de la tierra, tapados con una tela, salvo la cara, para que miren al cielo.

Los hinduistas respetan creencias seculares. El cordón umbilical de los recién nacidos será enterrado cuando se desprende, en un lugar determinado del recinto donde habita la familia. El padre es considerado impuro hasta esa fecha, alrededor de una semana después del parto de la madre. Ésta, hasta los 42 días, que será el momento de contemplar al bebé con el fin de intuir quien puede haberse reencarnado en él.

Durante el embarazo de la mujer, su esposo deberá dejar que le crezca el cabello; así las demás mujeres sabrán que tiene a la esposa embarazada y deberán mantener las distancias con él. Las mujeres casadas, en la calle, muestran que lo son al llevar el pelo recogido en un moño.

Una ceremonia, que corresponde al sacerdote, consiste en limar a los creyentes las  seis piezas dentales superiores, para combatir seis pecados.

Número de la suerte: el 96
No consideran nefasto ningún número, pero el de la suerte,  para ellos, es el 9, por alcanzar el máximo antes de los dos dígitos y porque, multiplicado por los demás, hasta el 10, siempre las cifras resultantes suman 9.

Algo que sí traería malos augurios y que, por tanto evitan, es el casamiento entre vecinos de una acera y la de enfrente.

La originalidad y la exuberancia de sus mitos y leyendas darían para mucho más espacio del disponible. Pero, a su vez, se combinan con dosis de pragmatismo. La basura doméstica la venden, por lo que tiene de aprovechable y lucrativa, mientras aquí en Madrid, el tándem GallardónBotella impone una  estrafalaria tasa, en función de los metros cuadrados de pisos y locales. En Bali, está claro que, electoralmente, tendrían muy poco que rascar.

Sobre la poligamia establecen, de hecho, la restricción de tener que contar con la aprobación de la primera esposa para que pueda darse de modo oficial. Entre esa condición y las dificultades económicas  resulta bastante excepcional. Sin embargo, dejan constancia de que, en Yakarta, se ha constituido últimamente un Club de Polígamos.

El templo cuya denominación se traduce por Jardín Bonito y otros templos sobre rocas en el mar constituyen  algunas de las miles de variantes donde el culto, público o particular,  resulta multiplicado.

Cava balinés y churros a la española
Para las horas libres ofrece una panoplia de alicientes el  Hotel Meliá Bali, en cuyo amplísimo perímetro caben resort, spa, y un largo etcétera (villas, playa, piscina, jardines, deportes, restaurantes….). Más un servicio muy numeroso  y siempre amable y sonriente con el saludo casi ceremonial del país. Los desayunos permiten combinar productos australianos, balineses (incluido un cava), centroeuropeos (con agua de S3uiza) o mediterráneos, con el detalle de nuestros churros y nuestras torrijas. El chef, es un alemán, políglota y atento a todo y con todos.

Por la tarde hay una hora bruja de escasa iluminación, en la cual algunos escalones representan peligro de caídas. Parece ser que la creencia hinduista hace reducir la potencia de la luz eléctrica para no incomodar a los espíritus. Hasta lo semáforos quedan afectados.

Algunos rematan su estancia en Bali pasando por expertas manos de masajistas. Dicen que se sienten como nuevos: ellos y ellas.

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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826