EconomÃa/PolÃtica
Juan Torres López (5/10/2012)

Las evidencias son cada vez más abrumadoras. La aplicación de recortes presupuestarios en toda Europa, y especialmente en los paÃses que ya se han encontrado o se encuentran en recesión, empeora su situación económica.
Cuando se reduce el gasto en todos los paÃses al mismo tiempo, no solo disminuye la demanda interior con el fin de que se reduzca el déficit, como se proponen los impulsores de estas polÃticas. Al mismo tiempo, es inevitable que lo haga también la demanda exterior, las compras al extranjero. Y como la mayorÃa del comercio exterior de los paÃses europeos se registra entre ellos mismos, resulta que los recortes iniciales de gasto terminan provocando una caÃda generalizada, aunque sea desigualmente distribuida, de la actividad económica en toda la economÃa europea.
De entrada, pues, lo que están consiguiendo las polÃticas de austeridad europeas es que las diferentes economÃas se depriman unas a otras. Pero no acaba ahà la cosa.
Los estudios empÃricos que se vienen realizando muestran además que los recortes de gasto orientados a reducir el déficit no lo disminuyen finalmente, o lo disminuyen en proporciones muy insignificantes.
La explicación de esto es que el gasto público tiene un efecto llamado multiplicador sobre la renta y la actividad en su conjunto. Cuando, aumenta el gasto público en una determinada cantidad, se crea ingreso (por esa cantidad) para alguien (por ejemplo, para el empresario que ha vendido algo a la administración pública, para el funcionario que cobra su sueldo, etc.). Este alguien, a su vez, ahorrará quizá una parte de ese euro, pero el resto lo gastará; y este gasto se convierte en ingreso de otra persona que, a su vez, ahorrará una parte y volverá a gastar el resto, y asà sucesivamente… Por tanto, el efecto final sobre la economÃa del incremento inicial del gasto público en un euro es de algo más de ese euro y se puede calcular sumando las diferentes cantidades que han ido gastando quienes han participado en ese proceso.
Es una gran ventaja, porque si funciona ese efecto multiplicador, resulta que aumentando el gasto público en una cantidad dada podemos conseguir un aumento final en la renta y en la actividad de mucha mayor cuantÃa.
Ahora bien, ese efecto multiplicador tiene otro inconveniente: cuando se reduce el gasto también se produce la disminución multiplicada de la renta y de la actividad.
De hecho, la existencia de este efecto multiplicador está produciendo el encadenamiento fatal en el que han caÃdo las polÃticas europeas. Los recortes de gasto disminuyen el crecimiento de la actividad y finalmente ni siquiera reducen sustancialmente el déficit, lo que lleva a que las autoridades insistan en los recortes de gasto, que vuelven a disminuir la actividad y que hacen aún más difÃcil reducir el déficit. Todo lo contrario: aumenta la deuda, permitiendo que los bancos vayan saliendo adelante al ir aumentando su negocio.
Un estudio reciente del banco francés Natixis estimó hace poco una los multiplicadores de distintas economÃas europeas y a partir de ahà dedujo las caÃdas en la actividad que se producirÃan si se llevaran a cabo los recortes de gasto previstos por los respectivos gobiernos. Y subrayaba el caso explosivo de España: si el gobierno de Mariano Rajoy aplicara de verdad las medidas que dice que nos conviene y que tiene previstas para reducir el déficit a los lÃmites anunciados, el PIB caerÃa en España un 11,8% (Natixis, Flash Economics, What growth would really be in France, Spain, Italy, Portugal and Greece if the fiscal deficit targets were to be met, September 4th 2012 – No. 561).
Es evidente, por tanto, que la polÃtica europea de recortes generalizados y de imposición de lÃmites al gasto público ahora que tantas economÃas se encuentran incluso en recesión es sencillamente suicida. No hay manera posible de demostrar las ventajas que eso pueda tener para salir de la crisis ni su conveniencia para mejorar la situación de deuda, desempleo y estancamiento en la que nos encontramos. Todo lo que se dice para defenderlas y justificarlas es una gran mentira para encubrir el sometimiento a los poderes financieros de los polÃticos que las imponen y los verdaderos objetivos que se persiguen con ellas.
Asà lo demuestra la situación mucho más grave en la que se encuentra la economÃa española.
La teorÃa económica más reciente también está demostrando que estos multiplicadores son mayores cuando las economÃas están en recesión, cuando los tipos de interés son muy bajos y cuando hay una gran deuda privada sobre la espalda de empresas y hogares.
Eso es justo lo que viene pasando en España y por eso nuestro multiplicador es bastante elevado que en otros paÃses europeos, lo que significa que los efectos positivos o negativos de las variaciones de gasto público son más acentuadas en nuestra economÃa.
Si nuestros gobiernos fuesen conscientes de esto y si fuesen libres o desearan realmente defender los intereses generales no aceptarÃan ni por un minuto más los corsés que nos quieren imponer desde Europa por influencia directa de los grupos de poder económico alemanes porque todo demuestra que no hay posibilidad alguna de que España salga adelante, o ni siquiera de evitar que caigamos en una depresión de años, aplicando este tipo de polÃticas.
Por eso la actitud de Rajoy, limitándose a reproducir el discurso de la austeridad y solo tratando de evitar lo inevitable es igualmente suicida y, además, algo mucho peor.
El disparate de defender la austeridad como forma de recortar la deuda lo lleva a mantener un engaño igualmente descomunal: afirmar que ésta es el resultado de que España no puede pagarse el Estado de bienestar y que hay que reducir gastos en educación, sanidad, dependencia, etc.
El economista Eduardo Garzón acaba de demostrar que si el Estado español hubiese podido seguir monetizando total o parcialmente su deuda recurriendo a un autentico banco central y, por lo tanto, no pagando intereses o pagando menor cuantÃa por ellos, la deuda a la que tendrÃa que hacer frente en estos momentos serÃa aproximadamente del 14% del PIB y no de del 87% actual (Situación de las arcas públicas si el estado español no pagara intereses de deuda pública).
La deuda pública española no proviene, pues, ni del despilfarro de las administraciones públicas (lo que no significa que no lo haya habido en ocasiones), ni del excesivo gasto en bienestar (estamos muy por debajo del nivel que nos corresponderÃa según nuestro nivel de renta). La genera principalmente la carga de los intereses y, en bastante menor medida, los gastos extraordinarios para hacer frente a la recesión, los de apoyo a la banca y la pérdida de ingresos fiscales por la crisis.

La conclusión es entonces evidente. La polÃtica de entrega de Rajoy a las imposiciones europeas (como la que anteriormente iniciara RodrÃguez Zapatero) es suicida porque no va a conseguir reducir la deuda y, además, va a provocar un empeoramiento progresivo del ingreso y el empleo. Pero, además de eso, constituye un verdadero saqueo: en lugar de enfrentarse a los financieros que están hundiendo a España pone a su disposición los servicios públicos, con la falsa excusa de que son muy caros, para que hagan de ellos otro suculento negocio privado.
 N. de la R.
Esta noticia, que también pueden ver en  ´Ganas de Escribir´, se publica con la autorización del catedrático de EconomÃa Aplicada de la Universidad de Sevilla, Juan Torres López.
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