España, 11-12-2016

Sucesos extraños; reflexiones de un mal pensado (IV)

Juan Carlos I de España.

Juan Carlos I de España.

Mi Columna
Eugenio Pordomingo (1/11/2016)
Tras la última entrega de estos “sucesos extraños”, en la que comentaba el óbito acaecido el 29 de marzo del año 1956. Aquel fatídico día –sobre todo para el afectado-, murió Alfonso de Borbón, hermano del rey de España, Juan Carlos I, ambos hijos de Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona. Alfonsito, como así se le conocía, falleció a consecuencia de un disparo en la cabeza, mientras los dos hermanos jugaban con una pistola. Eso al menos es lo que figura en el comunicado de prensa hecho por la embajada española en Portugal.

El único que sabe lo que realmente pasó fue Juan Carlos I. Nunca hubo una investigación, ni tan siquiera de trámite. Juan Carlos tenía 18 años, y 15 su hermano Alfonsito.

De ese deceso a los de  Fernando Herrero Teje­dor (Ministro Secretario General del Movimiento), Torcuato Fernández Miranda (expresidente de las Cortes) y Alejandro Rodríguez de Valcárcel (Presidente del Consejo de Regencia). Del primero ya comenté su accidente en la carretera Nacional VI.

Y ahora vamos con el fallecimiento, harto singular, de Alejandro Rodríguez de Valcárcel, sucedido el 22 de octubre de1976. Por aquellos aciagos tiempos de 1975, el Consejo de Regencia discutía la Ley para la Reforma Política y la sucesión de Franco. Los enfrentamientos, nada baladíes por cierto, entre partidarios de la monarquía reinstaurada y los puristas del régimen, entre los que andaban joseantonianos de difícil ubicación, fueron más que acalorados. En uno de esos broncos debates, se acordó sugerirle al general que sería conveniente que no asistiera al que –asunto único- iba a decidir sobre su sucesión, y que la votación fuese secreta. La “sugerencia” había sido hecha, con seguridad, por el mismísimo Franco. El resultado de la votación fue de 19 votos negativos, dos abstenciones y 491 votos afirmativos. Los grandes derrotados fueron el Conde Barcelona, Don Juan de Borbón, padre de Juan Carlos, el Duque de Cádiz, Alfonso de Borbón,  y Carlos Hugo de Borbón, candidato de los carlistas, que más tarde sería expulsado de España.

Rodríguez de Valcárcel era un declarado falangista del sector pro Movimiento Nacional, que se hizo cargo del Consejo de Regencia (Presidente) a la muerte de Franco, y desde ese cargo tomó juramente a Juan Carlos como Rey de España (22 de noviembre de 1975). Curioso es anotar cierta disidencia en ese juramento y el acto posterior.

Hubo serios debates sobre qué tenía que decir en su discurso como Presidente del Consejo de Regencia. Al final se acordó este texto: “señores procuradores, señores consejeros, desde la emoción en el recuerdo a Franco: ¡Viva el Rey! ¡Viva España!” Pero los cronicones de la época recogen que se “olvidó” de hacer referencia a la “nueva era” que venía, lo que desde el entorno del ya Rey se consideró toda una amenaza. Por si hubiera dudas sobre lo que señalo, apunto que en el transcurso del discurso de Juan Carlos I, los presentes aplaudieron efusivamente al monarca, cuya perorata fue interrumpida en varias ocasiones. Al finalizar el discurso, la gran mayoría del hemiciclo, puesto en pie, aplaudió fervorosamente. Era la Nueva Era. Pero hubo una excepción: Alejandro Rodríguez  de Valcárcel, que permaneció quieto. Ni aplaudió, ni se levantó, ni gesticuló.

La muerte le llegó el 22 de octubre de 1976, concretamente en el hospital público, la Ciudad Sanitaria de La Paz de Madrid. A ese centro había acudido por su propio pie a una revisión médica o por una dolencia leve. Pero el diario El País lo vio así: “falleció a consecuencia de una crisis cardiaca aguda, cuando era tratado de una grave dolencia respiratoria que se presentó hace ya varios meses…”

A Torcuato Fernández-Miranda, Ministro Secretario General del Movimiento,  Presidente de las Cortes y Presidente del Gobierno de forma interina en diciembre del año 1973, tras el asesinato del almirante Luis Carrero Blanco ejecutado por ETA, pero que tuvo actores intelectuales. La muerte le llegó a Fernández-Miranda con tan solo 64 años, el 18 de junio de 1980, en una lujosa clínica de Londres. Catedrático de Derecho Político y profesor del  rey Juan Carlos, Fernández-Miranda jugó un papel muy importante durante la transición a la democracia.

Eugenio Pordomingo y Sabino Fernández Campo

Eugenio Pordomingo y Sabino Fernández Campo

Tras varios e importantes desencuentros con el ya Presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, se retiró de la política activa. Su muerte le llegó cuando se encontraba en Londres ultimando los trámites para la creación de una consultoría jurídica. Su cadáver fue trasladado a Madrid, y el 27 de junio tuvo lugar un modestísimo acto funerario en la capilla del Palacio de la Zarzuela, al que asistió  su familia, el Rey Juan Carlos I y el Ministro de Justicia en representación del Gobierno de España. Nadie más.

No se cansen ustedes, nos queda comentar e indagar en el “suicidio” de la bella actriz,  Sandra Mozarowski –se dice que se lanzó desde la terraza del piso donde moraba en la calle Barquillo de Madrid-, supuesta amante de Juan Carlos I, al decir de crónicas, personajes de la época y varios libros. También nos resta tratar sobre la decapitación del Duque de Cádiz, Alfonso de Borbón y Dampierre, mientras practicaba el esquí en Colorado (Estados Unidos), hecho que sucedió el 30 de enero de 1989. Y, por último, la muerte del comisario Alberto Elías Hernández, del Servicio Central de Estupefacientes de la Dirección General de la Policía, que un año antes había sido jefe del Servicio de Información Interior (antigua Brigada Antigolpe), todo un experto en esos asuntos, que falleció de un repentino infarto de miocardio el 3 de octubre de 1993 en las Antillas Holandesas.


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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826