España, 18-08-2017

La venganza del muflón

Miguel Blesa de cacería. De la caza dijo el sabio Fenelón que es “simulacro de guerra, y la guerra azote de la humanidad”.

Mi Columna
Eugenio Pordomingo (28/7/2017)
La muerte de Miguel Blesa, que fuera Presidente de Caja Madrid, y todo lo que le ha circundado, poder, riqueza, marginación y repudio social, me ha recordado una frase lapidaria de Mahatma_Gandhi:“El mundo es suficientemente grande para satisfacer las necesidades de todos, pero siempre será demasiado pequeño para la avaricia de algunos”.

Desconozco si Gandhi dijo exactamente avaricia o codicia, que no es lo mismo. Las dos palabras significan un afán excesivo de riquezas; un deseo vehemente de tener cosas, pero entre las dos hay una enorme diferencia. La avaricia es el deseo desordenado y excesivo de tener cosas, de poseer riquezas, pero solo y exclusivamente con el fin de atesorarlas. ¿Recuerdan al Gilito McPato más conocido como Tío Gilito, el de la familia Pato Donald? Ese personaje no hacía más que contar y recontar sus monedas, disfrutaba así. Era un avaro. La avaricia, para la religión cristiana es un pecado capital.

La codicia se diferencia de la avaricia, en que no tiene la voluntad ni el objetivo de, únicamente, atesorar riquezas. El codicioso dilapida sus riquezas, las gasta, pues le ha costado poco, muy poco, conseguirlas. En la mayoría de los casos la obtención de riquezas va en proporción indirecta al concepto y valor que damos a la moral. Cuanto menos moral se tiene más riquezas se consiguen. Además, cuando las riquezas se obtienen de forma rápida y en cantidad, casi siempre se debe a que el individuo que las ha conseguido ha sido debido a que ha estado en el lugar y con el cargo adecuado. La falta de escrúpulos es, por supuesto, fundamental.

El Catecismo nos enseña que contra la avaricia, largueza. Con esa largueza, el empleo de los “bienes mal adquiridos”, se transforma en codicia. El asunto, el quid de la cuestión, está en cómo se han adquirido esas riquezas. Hace años, la Hacienda Pública, disponía de una legislación que hacía mención a los “signos externos”, en clara referencia a gastos suntuosos que excedían de los ingresos obtenidos por el desempeño de un trabajo. Esa legislación desapareció, ahora habría que promulgar una que hiciera mención a las “herencias”, pues casi todos los políticos que se han enriquecido de la noche a la mañana, ha sido debido –según ellos- a la “heredad” paterna.

Una gran mayoría de los codiciosos han germinado y desarrollado en torno al Poder. No se puede hacer dinero en abundancia y con cierta rapidez sin estar en la política, en las instituciones. Ya se sabe que generalizar es malo como decía el gabacho Juan Jacobo Rousseau, pero un vistazo a los medios de comunicación nos lo demuestra.

Miguel Blesa, al igual que tantos y tantos otros, estuvo en el lugar y con el cargo adecuado para hacer y deshacer a su antojo. Dirigía la poderosa Caja Madrid, la banca de los políticos y sindicatos. ¡Pobre del Padre Piqué si levantara la cabeza!

Alrededor de Blesa germinó una maraña de buitres (supuestos amigos, sindicatos, partidos políticos, empresarios…) que se beneficiaron de él y del dinero de todos. Blesa, aprovechó la corriente: sobresueldos para todos, tarjetas black, créditos bancarios sin garantías, coche blindando de 600.000 euros –que le resultaba incómodo según declaró en el Congreso de los Diputados-, cacerías exóticas, etc., etc. Pero vino el caos. De tanto ir a la fuente, el agua se agotó.

Miguel Blesa fue encontrado muerto el miércoles 19 de julio sobre las 8 de la mañana, tras desayunar con unos amigos en la finca de caza Puerto del Toro (Córdoba), propiedad del Grupo Prasa, importante empresa constructora e inmobiliaria del mismo rango, que tuvo problemas con Hacienda, a la que el asiduo cazador de la zona y por entonces presidente de Caja Madrid, ayudó a obtener financiación. Después, ausencia en su funeral.

La  autopsia confirmó que Miguel Blesa se suicidó, “autolesión por arma de fuego”, dice el informe oficial. Al parecer, Blesa se disparó al pecho con uno de sus rifles de caza mayor, tal vez con el mismo que mató a muflones, gacelas, búfalos, hipopótamos, osos,  cebras y demás fauna. Con otro rifle, con el de la insensibilidad y el afán de obtener liquidez, acabó con las ilusiones –y a veces con la vida- de miles de preferentistas.

De siempre ha habido suicidios, “suicidados” y muertos de forma violenta y por encargo. Ahora voy a tratar de adentrarme en el procelosos submundo de esos óbitos que rodean algunos de esos “fallecimientos”, prematuros y forzados, en relación con los “bienes mal adquiridos” y el temor a que se conozca el método con el que fueron conseguidos.

Primera consideración a tener en cuenta. Pocos, poquísimos, son los que se suicidan o son “suicidados” si su quehacer financiero –por llamarlo de alguna forma- no se ha hecho público. ¿Alguien puede decirme quién o quiénes dejaron este mundo, de forma voluntaria, o empujados, si su avaricia o codicia no hubiera salido a la luz?  Y, sobre todo, si no hubiera sentido en sus carnes el repudio de la sociedad.

Debe ser muy duro, durísimo, ver como antes se inclinaban a tu paso, doblaban la cerviz, se peleaban por sentarse a tu lado, saludarte o acudir a los actos públicos en que estabas, y ahora –tras hacerse públicas tus andanzas-, no te saludan, se escapan ante tu presencia e, incluso, cuando has fallecido, ni acuden a tu funeral. Íntimos amigos suyos, como la familia Aznar, Villalonga, Martín Villa, entre otros muchos, no tuvieron la gallardía ni la humanidad de acompañarle en su funeral. Así es la vida, por desgracia.

Cuando Blesa estaba todavía en la “cresta de la ola”, la Audiencia Nacional le dejó en libertad  por su comportamiento “intachable” y “cabal” durante el procedimiento de las tarjetas black. Él y Rodrigo Rato fueron acreedores de ese trato. Uno había sido expresidente de Caja Madrid, y el otro, exministro de Economía, expresidente de Caja Madrid-Bankia, y exdirector del FMI. Total, nada. La decisión de la AN fue sin duda benévola. El argumento jurídico fue que se esperaría hasta que la sentencia adquiriera firmeza en el Tribunal Supremo.

Miguel Blesa de cacería.

Blesa tuvo el valor de abandonar este mundo, quizás hastiado de padecer la marginación de los que había ayudado y de otros que antes le ayudaron a él. Unos y otros no querían su relación. Apestaba. Les había pedido ayuda, pero no se ponían al teléfono. Pienso, que su suicidio, aparte de tener que soportan ese desdén, fue para no dejar pufos financieros que afectaran a sus herederos. La muerte de Blesa –dicen los expertos- extingue toda responsabilidad criminal y las “eventuales obligaciones económicas subsidiarias”, pues no llegó a ser condenado en firme, así como de las obligaciones económicas que se hubieran podido derivar.

La muerte, el suicidio, del otrora poderoso banquero de Caja Madrid, se suma a una serie de óbitos acaecidos recientemente, relacionados con temas de corrupción. Una de las más recientes fue la de la ex alcaldesa de Valencia, Rita Barberá. Pero hay más: el periodista Isidro Cuberos, jefe de prensa de Javier Arenas; Mar Rodríguez, esposa del senador Tomás Burgos (PP); Francisco Sánchez Arranz, concejal del PP en Boadilla del Monte (Madrid);Pepe” Martínez Núñez, poderoso constructo conocido como ´El General’; Francisco Yáñez,  padre de Iván Yáñez (abogado al que Luis Bárcenas nombró apoderado de todas sus cuentas en el Dresdner Bank de Ginebra); Juan Pérez Mora (uno de los primeros imputados en escándalo Gürtel, conocido como el ´Ingeniero de Pozuelo´, que trabajó en el Ayuntamiento del mismo nombre en la etapa en que Jesús Sepúlveda, exmarido de Ana Mato, era el alcalde. Hay más, muchos más, que optaron obligados por las circunstancias a inmolarse.

No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio, dijo Sisifo, personaje de la mitología griega.

 


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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826