España, 16-12-2017

Obsceno amejoramiento facial y de armario

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Alejandra Durrell (18/7/2010)
La presentación, toda de blanco, cual arcángel político si es que existen, de la Vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega,  tras el Consejo de Ministros, para comparecer en la habitual rueda de prensa, fue todo un espectáculo. Impecablemente vestida -suele cambiar su jubón dos o tres veces al día, al menos-, presentaba nueva imagen, con un cutis terso, como la piel del culo de un bebé.

Con parsimonia,  se acercó a su mesa para depositar un montón de documentos -eso siempre impresiona mucho-, mientras reía, mostrando una pulcra dentadura, blanca como la leche de burra, aquella en la que Cleopatra sumergía su cuerpo hasta que la malvada aspiz acabara con sus ansias de poder y de centuriones.

La Vicepresidenta, se mostraba contenta, risueña, cual mendigo que le hubiese tocado la lotería. Un compañero, que estaba sentado a mi lado, me susurró: “Alejandra, no te parece que la ´vice´ está muy cambiada; como rejuvenecida”.

Mire a mi compañero  -tratando comprender lo que me insinuaba-; después mire a la ´Vice´. No se por qué, pero metí lmaria-teresa-fernandez-de-la-vegaa mano en mi bolso tratando de buscar mi espejo, artilugio al que recurro de vez en cuando para que me muestre cómo estoy físicamente. Lo hice de forma automática, sin motivo aparente. Miré otra vez a mi compañero; otra vez a la ´Vice´, y después a mi espejo.

María Teresa Fernández de la vega seguía con su habitual perorata, que si a Mariano Rajoy no le votan ni en su casa; que si José Bono, es un bendito, con un escaso patrimonio y dos o tres asnos, nada de purasangres como dice La Gaceta; que si después del verano se van a crear millones de puestos de trabajo, etc., etc.

Dejé de tomar notas y me centré en su rostro. ¡Toma!, me dije. Esta se ha hartao de botos o se ha hecho un lifting.

Entonces recordé que ese cambio facial milagroso ya había tenido lugar otra vez -que yo recuerde- allá por el 2007.

Me quedé pensativa. Por un lado, me dije, hace bien; con su dinero cada uno hace lo que quiere. Automáticamente me vino el lado perverso de mi personalidad. ¿Y si no es su dinero? Casi de manera automática, me vino una reflexión: En cualquier caso, con la que está cayendo, me parece una obscenidad lo de tanto cambio de ropa y ahora lo del cutis.

Obsceno es algo impúdico, torpe, ofensivo al pudor…

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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826