España, 27-04-2018

El Presidente de Zimbawe, Robert Mugabe, se enfrenta a presiones internacionales en caso de no aplazar la “segunda vuelta” de las elecciones legislativas

Robert Mugabeespacioseuropeos.com (26/6/2008)
El Presidente Robert Mugabe se enfrenta a fuertes presiones internacionales en caso de que no cancele la segunda vuelta de las elecciones generales en Zimbawe. La oposición a Mugabe ha declarado que más de 60 militantes y activistas, pertenecientes a partidos políticos opositores al actual presidente, han muerto en las últimas semanas a consecuencia de la violencia desatada por partidarios del actual presidente.



Niños saharauis, procedentes de los campamentos de refugiados, de vacaciones en España

Vacaciones en Pazespacioseuropeos.com (26/6/2008)
Como todos los años, miles de niños y adolescentes saharauis pasan sus vacaciones en España. Decenas de asociaciones y federaciones de amistad con el Pueblo Saharaui trabajan incansablemente, en colaboración con la RASD y sus delegados en las distintas Comunidades Autónomas españolas, para que la estancia de estos chavales sea lo más grata posible.

Es el caso, por ejemplo, de la Federación Andaluza de Asociaciones



El Gobierno español se gasta 3,18 millones de euros en comprar “bombas de racimo”

espacioseuropeos.com (25/6/2008)
El Gobierno de España da la impresión de padecer esquizofrenia (“España sigue produciendo masivamente “bombas de racimo”); por un lado ratifica la Conferencia de Dublín contra el uso de “bombas de racimo”, y por otro, ocupa uno de los primeros lugares en fabricación y compra de estos mortíferos artefactos.

Así,  en los últimos cuatro años ha gastado 3,18 millones de euros en “compra y mantenimiento” de bombas de este tipo. El Ministerio de Defensa aprobó cuatro contratos en la pasada legislatura, tres de ellos se referían a la compra de “bombas de racimo” de los modelos BME-330 y MAT-120,  y el cuarto contemplaba el “mantenimiento” de estas municiones. Los cuatro contratos se formalizaron con las empresas españolas Instalaza y Explosivos Alaveses.

El primer contrato, de mantenimiento de “bombas de racimo”, tipo  BME-330, fue adjudicado por el Gobierno de España a la compañía Explosivos Alaveses, a últimos del año pasado, cuyo expediente fue tramitado por un procedimiento negociado, sin publicidad, con un costo de 799.998 euros.

Meses más tarde, el 29 de noviembre de 2005, el Ministerio de Defensa -según informó Europa Press– el Ministerio de Defensa aprobó un contrato de compra de “bombas de racimo”, MAT-120, con la empresa Instalaza, por un monto de 1,49 millones de euros. Algunos de los tipos de granadas que contemplaba este pedido han sido denunciados por diversas ONG, “como una de las bomba de racimo españolas”.

Otros contratos de este tipo, fueron firmados en agosto de 2006, con Explosivos Alaveses, por valor de 447.300 euros. Y, que sepamos, el último de los contratos, con fecha de adjudicación de 19 de septiembre de 2006, fue una compra a Instalaza de “bombas de racimo”, MAT-120, que cada una de ellas contiene 21 submuniciones.

Todos los contratos fueron adjudicados por procedimientos negociados, sin publicidad,

Una “bombas de racimo” es del tamaño de una lata de refresco. La bomba madre, por así decirlo, lleva en su interior varias decenas o cientos de estas “bombas de racimo”, que  durante su trayectoria,  son expulsadas.  En teoría, deberían estallar al chocan contra el suelo, pero un 30 por ciento de ellas no lo hacen, quedando esparcidas por el suelo. Son un auténtico peligro mientras no se las desactive.  Se calcula que casi el 98 por ciento de las víctimas civiles en conflictos bélicos son debidas a este tipo de municiones.

Lo curioso de este proceso, es que mientras España es una importante productora de estas “bombas de racimo”, militares españoles expertos en desactivación se dedican, por ejemplo, en El Líbano, a eliminar sus efectos.



¿Está el hombre obligado por mandato divino a tener que soportar como le humillan, como le quitan su libertad y su vida…?

Abaha

Guinea Ecuatorial
Abaha
(25/6/2008)
Tras la parodia de juicio, ha quedado visto para sentencia -como se dice en el argot- el juicio contra el británico Simon Mann y seis ecuatoguineanos, que durante tres días se ha desarrollado en Malabo (Guinea Ecuatorial). El fiscal, José Olo, elevó sus conclusiones con un aumento en la petición de pena contra los guineanos por supuesta “falta de colaboración con la justicia”.

La “Página Oficial de Guinea Ecuatorial” afirmen una de sus crónicas que Mann atentó contra la “forma de Gobierno, la constitución y la paz en Guinea Ecuatorial”. Mann manifestó en el tercer día del juicio que “sus acusaciones de las que casi todas han sido reconocidas por él sin negaralguna. Los planes, contratos confidenciales y acuerdos con Severo Moto Nsa en caso de que lograran su objetivo (…) Mann recita con buena memoria y con precisión los planes de operación dando detalles de su preparación con identificación de lugares de sus encuentros, las sumas ofrecidas por los financiadores encabezados por Aly Kalil hasta Marck Teacher. Negó conocer a los contactos internos que mantenía Aly Kalil por razón de seguridad de la operación”.



Las secuelas del referendo irlandés: la democracia secuestrada

Alberto MonteroAlberto Montero (25/6/2008)
El pasado día 13 nos dejó la confirmación de que esta Europa de los mercaderes no gusta a sus ciudadanos, al menos a los que les preguntan por ella.

Desde entonces se ha abierto un periodo interesante en el que los líderes europeos tratan de explicar, hacer digerible y buscar soluciones al varapalo irlandés al proyecto elitista de construcción europea. Es ahora cuando, entre risas nerviosas y gestos contrariados, aquéllos acaban verbalizando lo que realmente piensan y el discurso soterrado hasta entonces sale a la luz sin contención ni mesura.

Revisando las declaraciones y reacciones de quienes gobiernan la Unión Europea y sus Estados miembros puede apreciarse como, en líneas generales, los términos de ese discurso se centran en torno a cuatro grandes ejes.

 

Las razones más simples son las que se callan

En primer lugar, no han faltado sesudas reflexiones acerca de las razones de la negativa de los irlandeses a ratificar el Tratado de Lisboa. En muchos casos, son simplemente  fuegos de artificio retóricos y con los que se trata de revestir con argumentos grandilocuentes los motivos de ese rechazo hacia Europa que, en lo fundamental, son mucho más simples de lo que nos quieren vender. De hecho, precisamente en su simpleza radica la razón de que se nos quieran ocultar esos motivos y sean sustituidos por argumentaciones más sofisticadas en claves específicamente nacionales. Como si los irlandeses fueran unos bichos raros que no se representan más que a ellos mismos y son en todo punto diferentes del resto de europeos a los que se nos debe suponer entusiasmados con el Tratado de Lisboa.

No hay que rascar mucho para entender que esta Europa del capital es insensible, cuando no contraria, a los intereses de sus ciudadanos; adolece de déficit democráticos que, para el caso de otros países del mundo, serían motivo más que suficientes para invadirlos en nombre de la restauración de la democracia y la preservación de los derechos de los ciudadanos; y avanza, de forma irrefrenable y a costa de derechos laborales y sociales que habían sido considerados avances para la civilización, hacia la consolidación de un espacio de acumulación para el capital del que sólo se pueden sentir orgullosos las empresas (que, por cierto, aunque no votan sí deciden y, si no, a qué viene tanto lobby suelto en Bruselas).

Ésas son, a mi modo de ver, las verdaderas razones o, al menos, las que la mayor parte de los europeos tendríamos en común en contra de la Europa que se está construyendo de espaldas a los ciudadanos. Por lo tanto, y en la medida en que parte del voto irlandés en contra del Tratado obedece también a esos motivos, aunque se trate de ocultar, me gustaría saber qué opinan al respecto y cómo piensan arreglarlo las autoridades europeas.

Sin embargo, mucho me temo que podemos estar seguros de que no oiremos a ningún líder europeo salir a la arena pública con esos argumentos para, a continuación, reconocer los errores, hacer acto de constricción y tratar de enmendarlos. Por el contrario, las invectivas se han dirigido contra los irlandeses; nada de extraer conclusiones generales peligrosas que pudieran poner en riesgo la construcción europea. Centrémonos en lo particular y difuminemos lo general, parece ser la directriz en torno a la que se han atrincherado aquéllos.

 

El mundo está lleno de desagradecidos

En segundo lugar, también llega ahora el momento de las recriminaciones, de echarles en cara a los irlandeses, y de paso a todos aquellos países que se han beneficiado de los fondos europeos para financiar su desarrollo, su falta de gratitud. ¿Cómo es posible que ellos, que en 1973 tenían una renta per cápita que apenas superaba el 60% de la media comunitaria y ahora supone el 140% de la misma, den la espalda a la profundización institucional de Europa? ¿Han olvidado ya que si se encuentran nadando en la prosperidad es gracias al saldo neto de los más de 55 mil millones de euros recibidos desde entonces?

La recriminación viene a alimentar así la argumentación de quienes piensan que los fondos sociales europeos deberían desaparecer porque ni siquiera sirven para comprar voluntades. ¡Qué poco rendimiento para tanto dinero!, debe rumiar más de uno en Bruselas.

 

Cuando la democracia es el error

En tercer lugar, también se han producido declaraciones cuestionando hasta los propios fundamentos de la democracia. En este caso, la vía de argumentación ha sido doble.

Por un lado, están quienes piensan que una cosa tan relevante como una Constitución -que es, en definitiva y como ya escribí en su momento, lo que es el Tratado de Lisboa- no puede ser sometida al libre albedrío de los ciudadanos que se gobernarán con ella. Y ello porque éstos andan siempre carentes de tiempo -¡y menos que tendrán una vez aprobadas las 65 horas semanales!- y capacidades para comprender las sofisticaciones jurídicas del texto en cuestión.

En este sentido, el editorial de El País del 14 de junio se hacía eco de dicho planteamiento sin ningún tipo de pudor: “Hay otros argumentos para explicar el rechazo. Tienen que ver con lo absurdo de someter a referéndum cuestiones tan complejas como las que albergan las casi 400 páginas de documento de Lisboa”. ¿Queda claro, no?

Eso sí, si los irlandeses hubieran aprobado la ratificación del Tratado otro gallo hubiera cantado. En ese caso, nadie dudaría ahora de que sabían lo que estaban votando, lo conocían, comprendían y aprobaban. Con lo cual nos encontramos con el fantástico caso de que las facultades cognitivas de los ciudadanos se hacen depender de la valoración del texto en cuestión y sólo se les reconocen a quienes lo aprueban y están conformes con su contenido. Todo aquel que lo rechace, aunque sea de forma argumentada, serán tachado, como mínimo, de necio.

El corolario último es evidente: Irlanda está llena de necios y en el resto de Europa somos unos lumbreras que, conscientes de nuestra sabiduría, delegamos nuestra capacidad de decidir en nuestros representantes políticos para que ellos lo ratifiquen en nuestro nombre. A fin de cuentas, ellos saben bien lo que nos conviene a todos así que para qué molestarse en el engorroso acto de votar.

Y, por otro lado, están quienes argumentan que el voto de los ciudadanos de un país, aun cuando las reglas del juego se han fijado previamente para que la toma de decisiones se adopte por unanimidad, no puede paralizar un proyecto que implica a más de 500 millones de personas.

Es más, se abunda en la idea de que los irlandeses suponen tan sólo el 1% de la población total de Europa o, llevada al extremo y con tintes dramáticos, se remarca que la diferencia entre el avance y el estancamiento institucional de Europa ha dependido tan sólo de la voluntad de 110 mil votantes, esto es, el número de votos de diferencia entre los partidarios de rechazar la ratificación del Tratado y quienes querían ratificarlo.

La democracia se convierte, entonces, en una cuestión de aritmética pura y dura y no en un mecanismo de decisión colectiva que, sobre todo, tiene que velar por la preservación de los derechos de las minorías y que, en consecuencia, trasciende la simple aritmética electoral y se torna compleja en sí misma.

Sin embargo, todo ello se está ignorando en estos momentos. Es más, se obvia hasta que, para la aprobación del Tratado, la regla de unanimidad viniera impuesta de partida y fuera definitoria del proceso de toma de decisiones. Bastaría con que se reconociera esa cuestión para que cualquier discusión y todas las declaraciones al respecto quedaran definitivamente atajadas. Si un miembro no quiere, el proceso no avanza. No hay más que hablar.

 

¿Qué hacer ahora: ignorar o repetir?

Y, finalmente, el debate actual tampoco escapa a la cuestión de las posibles soluciones a la crisis institucional generada por el resultado del referendo irlandés.

Así, más allá de las declaraciones apesadumbradas aunque con altísimo contenido político como las del jefe de Política Exterior de la Unión Europea, Javier Solana, cuando afirmó que “la vida debe seguir”, los jefes de estado y autoridades europeas andan empeñados en afirmar que el Tratado de Lisboa sigue vivo, que la Unión Europea vive en permanente crisis y que, por lo tanto, lo que ha ocurrido no es ninguna novedad.

Y lo peor de todo es que tienen razón: el Tratado sigue vivo. De hecho, el Tratado es la misma Constitución Europea que, al ser rechazada por Francia y Holanda, mutó en el Tratado de Lisboa y que, ahora, al ser rechazado por Irlanda volverá a mutar en el Tratado de “pensamos-seguir-intentándolo-hasta-que-lo-consigamos”.

(Por cierto, y permítanme el sarcasmo, ¿no creen que sería interesante saber si la Iglesia Católica considera pecado la manipulación genética de Tratados?).

En todo caso, también en el ámbito de las soluciones, y dando por hecho que el Tratado de Lisboa volverá a mutar en algo similar que tratará de aprobarse a toda costa, se presentan dos opciones que me parecen especialmente preocupantes.

Por un lado, desestimar el resultado irlandés, es decir, ignorar la decisión de los ciudadanos del único país que ha sometido a referendo el Tratado. O, lo que es lo mismo, desestimar el resultado de la voluntad de un pueblo democráticamente expresada y que era vinculante para el resto de la Unión Europea desde el momento en el que, como hemos dicho, para la aprobación de aquél rige la regla de la unanimidad.

Evidentemente, ello sólo se está planteando porque la negativa proviene de Irlanda. Si este resultado se hubiera obtenido en Alemania o Francia otras hubieran sido las vías de solución planteadas. ¿O es que cuando Francia votó no a la Constitución Europea a alguien se le ocurrió plantear que había que avanzar a toda costa en la construcción europea aunque eso implicara configurar una Europa a dos velocidades en la que Francia iría en el furgón de cola? Pues eso.

Y, por otro lado, están los que en un primer momento sugirieron la posibilidad de que Irlanda repitiera el referendo y que ahora la van consolidando. Así, los líderes de la Unión Europea se están planteando ya abiertamente que Irlanda repita su referendo en junio de 2009, coincidiendo con las elecciones al Parlamento Europeo y asegurándosele, previamente, que mantendrán algunos privilegios (entre ellos, la conservación de su comisario).

Está visto que esos líderes tienen una percepción un tanto sui géneris de la democracia y entienden que los resultados de las votaciones sólo pueden ser válidos cuando coinciden con los esperados. ¡Ay de los ciudadanos de aquél Estado miembro que se atrevan a oponerse a la voluntad de quienes no someten la aprobación de una Constitución al veredicto de la ciudadanía! Serán condenados sin remedio, y en una suerte de versión postmoderna del mito de Sísifo, a repetir la votación hasta que el resultado sea el previsto.

El resultado final: la democracia secuestrada

Estas son, grosso modo, las líneas generales de los discursos que se han podido escuchar por parte de los líderes europeos tras la victoria del “no” en el referendo irlandés. Como puede apreciarse, se encuentran muy lejos de los que cualquier ciudadano mínimamente formado e informado podría considerar como democráticos. De hecho, muchos de ellos se sustentan sobre posiciones radicalmente antidemocráticas.

El problema es que mientras esos líderes quieren avanzar en la conformación de una Unión Europea de los mercaderes, en una Europa más preocupada por ser un mercado único que una sociedad de bienestar, a los ciudadanos ya ni siquiera nos quedan los mecanismos democráticos para expresar nuestra opinión e intentar encauzar el proyecto europeo en otra dirección.

Europa anda empeñada en robarnos la democracia porque piensan que no sabemos usarla; porque entiende que no somos responsables para decidir cuáles son nuestros intereses y cómo gestionarlos; porque supone que el mundo debe ser gobernado por técnicos y políticos profesionales en perfecta connivencia: técnicos que sirven a un proyecto político, políticos que sirven a intereses económicos. Mientras tanto, la ciudadanía sólo puede participar como espectadora y, cuando se le requiera, acudir a las urnas para votar a favor de un resultado, el que ellos previamente han determinado.

Ante este panorama, y secuestrada la democracia, ¿qué nos queda? ¿Resignación o revolución? Ustedes eligen.

N. de la R.

Este artículo se publica gracias a la gentileza del autor, profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga, y miembro de la Fundación CEPS, que también pueden ver en su bloq, La Otra Economía.

 



A Coronel de Palma le pueden quitar la Medalla de Oro del CEU

CEUAquilino Tejedo (24/6/2008)
El CEU conmemora su 75 aniversario cuando atraviesa una situación de dificultades económicas a consecuencia de la pésima gestión llevada a cabo por Alfonso Coronel de Palma durante los diez años que estuvo al frente del otrora prestigioso complejo educativo, al que dejó en números tan rojos como las amapolas del campo.

El grupo de trabajadores Foro-71, con amplia representación en el Comité de Empresa de la Universidad Cardenal Herrera, de Valencia, propugna que



Un avión nodriza de la Fuerza Aérea de Estados Unidos arroja 31 toneladas de combustible sobre la República de Kirguizistán

espacioseuropeos.com (24/6/2008)
El pasado 21 de este mes, un avión nodriza de la Fuerza Aérea estadounidense, con base en “Manas”, en Bishkek, en la República de Kirguizistán, arrojó 31 toneladas de combustible sobre el territorio de esa república. Al parecer, según informa RIA Novosti, la maniobra  fue para  evitar consecuencias más graves.

La tripulación militar estadounidense, ante una situación de emergencia, tuvo que desprenderse de ese combustible debido a un cambio “repentino de la presión en el sistema del avión“, que provocó una gran humareda y un fuerte olor que penetraron en la cabina, de acuerdo con la información facilitada por los responsables de la base militar.

Ante la gravedad de avería, la tripulación decidió arrojar el combustible a tierra para reducir el peso del avión y poder aterrizar con mayor seguridad.

El combustible se arrojó desde una altura de 7.300 metros, pero de acuerdo con la información transmitida por el responsable militar estadounidense de la base de “Manas”, se evaporó totalmente antes de tocar tierra.

Según informa la agencia rusa de noticias, no es la primera vez que aviones de Estados Unidos, con base en la República de Kirguizistán, arrojan combustible ante situaciones de emergencia similar a la que tuvo lugar el 21 de este mes.

El Ejército de Estados Unidos se encuentra en la República de Kirguizistán por mandato de la ONU, en el marco de la operación antiterrorista en Afganistán.

 



Rusia se opone a una misión de la Unión Europea en Kosovo sin mandato de la ONU

espacioseuropeos.com (24/6/2008)
Rusia se opone a una misión de la UE en kosovo sin mandato de la ONU. Así lo ha manifestado el embajador ruso ante las comunidades europeas, Vladimir Chizhov. Opinión que comparte el Secretario General de Naciones Unidas.

Chizhov manifestó “que la presencia de la misión de la UE en ese territorio serbio debe formalizarse mediante una respectiva resolución del Consejo de Seguridad de la ONU.  La presencia de tal misión debe coordinarse con el Gobierno de Serbia”, según informa la agencia de noticias rusa RIA Novosti.

Rusia no se opone a que la Unión Europea asuma parte de esa “responsabilidad”, ya que en la actualidad  está sucediendo en Kosovo, “tampoco estaríamos en contra de que la UE abra una misión civil (…) con tal de que ésta se formalice según normas del Derecho Internacional“, manifestó Chizhov en la conferencia interactiva Moscú-Bruselas, que organizó la agencia  RIA Novosti.



Intelectuales firman un manifiesto en defensa del castellano como lengua común

espacioseuropeos.com (23/6/2008)
En el salón de actos del Ateneo de Madrid, un grupo de intelectuales, han hecho público hoy “El Manifiesto por una lengua común”. El Manifiesto reivindica la importancia del castellano como lengua común “para el juego político de la democracia y su posición asimétrica respecto al resto de lenguas oficiales españolas”, de alcance circunscrito a las autonomías bilingües, según se expuso en su presentación.

Entre los intelectuales que han firmado este manifiesto destacan Mario Vargas Llosa, Fernando Savater, Carmen Iglesias,  Álvaro Pombo, Aurelio Arteta, Félix de Azúa, Albert Boadella, Carlos Castilla del Pino, Sosa Wagner, Luis Alberto de Cuenca, Arcadi Espada, José Antonio Marina, Alberto González Troyano, José Luis Pardo, Ramón Rodríguez,  José María Ruiz Soroa y Carlos Martínez Gorriarán, entre otros, muchos de ellos cercanos a UPyD, partido político que lidera Rosa Díez.

Para los firmantes de este manifiesto,  el castellano es “la única lengua juntamente oficial y común de todos los ciudadanos españoles. Desde luego, no se trata de una desazón meramente cultural -nuestro idioma goza de una pujanza envidiable y creciente en el mundo entero, sólo superada por el chino y el inglés- sino de una inquietud estrictamente política”:

El papel del castellano se configura “como lengua principal de comunicación democrática en este país, así como de los derechos educativos y cívicos de quienes la tienen como lengua materna o la eligen con todo derecho como vehículo preferente de expresión, comprensión y comunicación”.

Savater ha pedido cambiar la Constitución para “garantizar el uso del castellano“. Por su parte,  la historiadora Carmen Iglesias aseguró que “no estamos preocupados por el castellano, que hablan 450 millones de ciudadanos, sino porque se están conculcando derechos”.

Algunas de las premisas de este Manifiesto son, que Todas las lenguas oficiales en el Estado son igualmente españolas y merecedoras de protección institucional como patrimonio compartido, pero sólo una de ellas es común a todos, oficial en todo el territorio nacional y por tanto sólo una de ellas -el castellano- goza del deber constitucional de ser conocida y de la presunción consecuente de que todos la conocen. Es decir, hay una asimetría entre las lenguas españolas oficiales, lo cual no implica injusticia (?) de ningún tipo porque en España hay diversas realidades culturales pero sólo una de ellas es universalmente oficial en nuestro Estado democrático. Y contar con una lengua política común es una enorme riqueza para la democracia, aún más si se trata de una lengua de tanto arraigo histórico en todo el país y de tanta vigencia en el mundo entero como el castellano.

Por otro lado, son los ciudadanos quienes tienen derechos lingüísticos, no los territorios ni mucho menos las lenguas mismas. O sea: los ciudadanos que hablan cualquiera de las lenguas cooficiales tienen derecho a recibir educación y ser atendidos por la administración en ella, pero las lenguas no tienen el derecho de conseguir coactivamente hablantes ni a imponerse como prioritarias en educación, información, rotulación, instituciones, etc… en detrimento del castellano (y mucho menos se puede llamar a semejante atropello “normalización lingüística”).

Una iniciativa que sin duda va a dar mucho que hablar, sobre todo por las críticas que, desde los gobiernos autónomos, comenzarán a arreciar. Una oportunidad perdida para el Partido Popular, enfrascado en sus Fricciones entre facciones.

 



Morgan Tsvangirai, opositor a Robert Mugabe, presidente de Zimbawe, se retira de las elecciones debido a las presiones gubernamentales

espacioseuropeos.com (23/6/2008)
El líder de la oposición en Zimbawe, Morgan Tsvangirai, se retira de las elecciones en el país africano debido a las “presiones” del presidente Robert Mugabe. Tsvangirai declaró a los medios de comunicación que “Mugabe ha declarado la guerra y nosotros no vamos a ser parte de ella”.

Tsvangirai, líder del Movimiento para el Cambio Democrático (MCD), decidió no participar en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Zimbawe, debido al peligro de guerra civil. De esta forma, el opositor a Mugabe da por terminada una etapa de más de tres meses de agresiones contra sus militantes, que ha causado más de 86 muertos, 10.000 heridos y más de 200.000 huidos.

La brutalidad, la violencia y la falta total de libertades han salido victoriosas en Zimbawe. De esta forma, Mugabe continúa siendo presidente durante los próximos cuatro años, ya que su candidatura política es la única que se presentará a los comicios.

Tsvangirai, en rueda de prensa televisada en directo, manifestó que “en el MCD no podemos pedir a nuestros seguidores que voten pues eso les podría costar la vida. Hoy es imposible celebrar elecciones libres y justas en Zimbawe”, opinión que parece compartir gran parte de la comunidad internacional.

Tras realizar estas declaraciones, Morgan Tsvangirai, pidió ayuda a la ONU y a la Unión Africana para poner fin al “genocidio  que se está viviendo en Zimbawe”.

La reacción no se ha hecho esperar. Washington y Londres (ex potencia colonial) han condenado la campaña de intimidación y agresiones de Mugabe, anunciando que  el Consejo de Seguridad de la ONU podría tomar algunas medidas.

Mugabe está en el poder desde 1980; desde esa fecha ha conseguido situar a su país en la cola en lo que se refiere a inflación, renta per capita e inseguridad jurídica. La carencia de petróleo y una política similar, ha echado a Mugabe en los brazos de Obiang Nguema.

Zimbawe era conocida como la “despensa de África”, pero se ha convertido en uno de los países más corruptos y pobres del mundo. Las reformas económicas que Mugabe llevó a cabo, expropiando fincas de los colonos para “entregarlas a los negros más pobres”, no ha sido más que un acto mediático y electoralista, ya que en su mayor parte esas fincas han ido a parar a sus familiares y seguidores.

Una vez más, afirmamos que esto sucede debido a que la llamada “comunidad internacional” lo consiente, cuando no lo alienta.




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Editor y Director: Eugenio Pordomingo Pérez. Editado en Madrid. ISSN 2444-8826